La vida y las pérdidas

2Pérdida es lo que ya no se tiene, ni se puede recuperar; es irreversible y definitiva. Todos los seres humanos tenemos 3 pérdidas principales en nuestra vida:

 

La primera es, contradictoriamente, el nacer; perdemos la seguridad y comodidad del vientre materno.

 

La segunda, sin remedio, es el paso del tiempo; NADIE puede detenerlo ni evitarlo; como consecuencia las etapas de nuestras vidas biológicas (infancia, adolescencia, juventud, adultez y ancianidad) aparecen en ese orden; y al pasar a la siguiente se pierde la anterior.

 

La tercera, inevitable, es el término de nuestra vida, TODOS los seres vivos tenemos un principio y un final.

 

Además de las 3 anteriores, durante nuestra vida tenemos diferentes tipos de pérdidas: materiales (libros, ropa, joyas, automóvil, casa, negocio, dinero etc.), de seres afectivos (mascotas), de situaciones en la vida (salud, edad, rechazo, fracaso, empleo etc.).

 

Las pérdidas acumuladas que no son reconocidas, trabajadas y superadas, desembocan en 3 más serias: la pérdida de mi autoestima, de mi auto cuidado y de mi autonomía.

 

La pérdida de mayor impacto es la muerte de los seres queridos.

 

Los procesos emocionales, mentales y psicosociales ante cualquier tipo de pérdida importante, son directamente proporcionales al apego y se entrelazan ineludiblemente con el duelo.

 

Apego es la necesidad instintiva de sentimientos afectivos y estados emocionales de pertenencia, es propia del ser humano y puede externarse o no, pero TODOS lo tenemos.

 

Duelo es el proceso psicológico cuyo elemento principal es el dolor emocional que se sufre tras una pérdida altamente significativa en nuestra vida, se expresa como síntomas físicos, pensamientos, sentimientos y emociones; el proceso normal no es una enfermedad.

 

De acuerdo al tipo de pérdida; el proceso del duelo, las fases de ajuste emocional, la reconstrucción y resignificación de la pérdida, tienen diferente intensidad y duración dependiendo del apego que se tuvo con lo que perdimos y/ó con el ser querido ausente.

 

El primer aspecto a considerar es el reconocimiento de la pérdida, es decir superar la etapa de negación y no guardarnos el dolor sólo para nosotros; hay que hablarlo con las personas de mayor confianza, compresión y disposición para escucharnos.

 

DÉJALOS IR CON AMOR I.A.P.

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